
Ya 86 años han pasado desde que un grupo de trabajadores fueron cruelmente asesinados. A sangre fría, las voces de hombre, mujeres, niños, ancianos fueron acalladas de la forma más vil y violenta.

La primera guerra mundial fue el acontecimiento que marcó la seria crisis económica que nuestro país tuvo que pasar. El cacao principal producto de exportación sufrió una grave caída en su precio, de 26 a 2 centavos en dos años. El sucre se devaluó, las condiciones de vida de los ecuatorianos cambiaron drásticamente, sobre todo las del proletariado. La crisis obligó a que se bajen los sueldos, en contrapartida todos los productos subieron de precio. Ahora el Ecuador se estaba enfrascando en una grave crisis, como siempre, los trabajadores eran los más afectados. El salario no compaginaba con lo precios de los alimentos, de los servicios. La desesperación, el hambre, mellaron las esperanzas de los trabajadores, impulsándolos protestar por sus derechos. No estaban pidiendo limosna alguna, por el contrario solamente buscaban lo que les pertenecía, lo que les fue arrebatado, lo que se escondió para convertirse en capital de la corrupción.
Los trabajadores ferroviarios fueron los primeros en iniciar la protesta, a ellos, otros gremio se sumaron a la lucha. Ahora eran panaderos, mecánicos, que no sólo reclamaban por un aumento en su salario, sino que también necesitaban grandes mejoras en las condiciones laborales. No podemos tolerar un país en el que no se respeten 8 horas laborables, o que no se brinde tiempo de descanso al trabajador. Es una realidad que si no existe producción, no hay ganancia, pero no se puede estar sujeto a un tipo de producción en la que no se respeten los derechos, en la que se ponga por encima el interés privado, sobre el común. La oligarquía se unió también a esta protesta, para inculpar al gobierno de la crisis económica por la que estaba atravesando el país

El 13 de noviembre los trabajadores se dirigieron a la Gobernación del Guayas a entregar sus peticiones, Jorge Pareja, gobernador, fue el encargado de su recepción. Se imponía un plazo de 24 horas para que el Presidente José Luis Tamayo responda a sus peticiones. El presidente dictó nuevas medidas económicas, pero las peticiones de los trabajadores fueron excluidas.
El 15 de noviembre de 1922, casi treinta mil personas marcharon para que su voz no sea acallada, para que se invierta en su futuro y en el futuro de sus familias. Se buscaba justicia, lamentablemente, la fuerza pública impulsada por órdenes directas del Presidente Tamayo, fueron cruelmente enfrentadas. A las dos de la tarde la policía, ubicada en la avenida Olmedo, empezaron a disparar indiscriminadamente a los trabajadores, sin que exista ningún tipo de remordimiento, ni mucho menos atacaron con crueldad y sangre fría. Dejando como resultado, según la prensa, en específico el diario “El Telégrafo”, hubo nueve muertos y 76 heridos. Según el anarquista Alejo Capelo, habló de un total de 900 víctimas. Muchos de los cuerpos fueron arrojados al río Guayas, la sangre cubría la ciudad. Hasta la fecha ningún gobierno ha reconocido que lo acontecido el 15 de noviembre de 1922, fuera un crimen de Estado.
El 3 de diciembre de 1922 en una carta a Adelaida Velasco Galdós, dice el presidente Tamayo: "Los políticos preteridos comenzaron desde la iniciación de mi Gobierno una ruda campaña de oposición sistemática contra la Administración, culpando a mi Gobierno de la situación económica y de ineptitud para resolver problemas que ningún país del mundo puede resolver mientras no desaparezcan las causas del desquiciamiento político, social y económico. Toda la prensa apoyó injusta y temerariamente esta campaña... De esta labor antisocial de la prensa se aprovecharon los propagandistas del bolchevismo... Baquerizo (Enrique) creyó oportuna para sus planes la situación anómala que se presentaba. Mandó agentes a todas partes para provocar un levantamiento general de obreros haciéndoles creer que la incautación mejoraría la situación de ellos... (... ) ... (Entonces) él se pre- sentaría en el momento oportuno como caudillo y salvador de la clase obrera "[i].

Pero ese valioso sacrificio no quedó en la impunidad. Son notorios los cambios que se han dado en las condiciones de los trabajadores, es cierto, que aún falta mucho por hacer pero por lo menos nosotros no hemos sido testigos de una represión tan violenta y fría. El trabajo es una actividad a la que todo ser humano tiene derecho, sin ella no puede alimentarse, ni educarse. En la actualidad los índices de desempleo son preocupantes, pero podemos contar con tranquilidad, con paz. Es cierto que las condiciones económicas no son de las mejores, pero aún así podemos decir que hay gente que lucha incansablemente por los derechos de los trabajadores, y que más que esto para honrar la memoria de aquellos héroes que sacrificaron su vida para que hoy podamos ser felices.